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cnmvLA CNMV CONTROLARÁ A LA BANCA CON NORMAS CONTRA PRODUCTOS COMPLEJOS

Los productos complejos vendidos en oficinas a particulares están en pleno auge, y la CNMV prefiere poner la venda antes que la herida. El objetivo es no pillarse con un problema como el de las preferentes.

De entrada, en agosto de 2012 se estableció un importe mínimo para comprar preferentes y bonos necesariamente convertibles en acciones: 25.000 euros para entidades cotizadas y 100.000 para las que no están en Bolsa. El Ministerio que pilota Luis de Guindos otorgó además una especie de superpoderes a la CNMV. A partir de entonces, el supervisor puede requerir que en los productos que se vendan a los inversores “se incluyan cuantas advertencias estime necesarias”.

La oleada de productos estructurados que están lanzando las entidades financieras dirigida a los particulares también está en el punto de mira del organismo que preside Elvira Rodríguez. Los bajos tipos de interés que ofrecen los productos sin riesgo, como los depósitos –con rentabilidades en general en torno al 1% y que en los mejores casos no dan más del 2,1%–, han propulsado la venta de productos complejos con el gancho de una rentabilidad atractiva.

Ahora, la misión del supervisor de los mercados, encargado también de vigilar la comercialización de los productos en las sucursales, es “desarrollar un sistema de clasificación de productos en función de su riesgo y complejidad”. Hasta el momento, solo los fondos de inversión cuentan con una escala que muestra a simple vista el grado de peligro que implican para los clientes. Con una gradación del 1 al 7, en la que el 1 es el riesgo más bajo y el 7, el más elevado. Fuentes cercanas al supervisor reconocen que se ha barajado un código de colores, con rojo (alto riesgo), naranja (riesgo medio) y verde (bajo riesgo), pero que el que finalmente se imponga aún está en debate.

Más protección

La nueva norma pretende atar más en corto a la banca para evitar abusos de confianza: debe verse como una segunda parte de la circular que entró en vigor el pasado junio. Desde entonces, los particulares tienen que dar fe de que saben lo que compran.

Tras realizar el test de idoneidad –obligatorio para todos los productos complejos, incluidos a partir de ahora los fondos estructurados de renta variable– si la entidad considera que el producto no es conveniente para el cliente, deberá advertírselo con la siguiente frase: “En nuestra opinión esta operación no es conveniente para usted”. Si, pese a todo, el cliente quiere seguir adelante, él mismo tendrá que escribir: “Este producto es complejo y se considera no conveniente para mí”. Además, las entidades deberán contar con un registro de clientes evaluados y productos no adecuados: “Reflejará para cada cliente los productos que han sido evaluados como no convenientes para los clientes”.

Los bancos también deben identificar al público objetivo del producto y a los clientes para los que no resulta adecuado y emplear simulaciones respecto al rendimiento esperado. Es decir, no será válida la expresión “con una rentabilidad de hasta el 7%”, sino que deberán decir cuál es la probabilidad real de obtener el máximo rendimiento.

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